jueves, 9 de junio de 2011

Bogotá le quedó grande a la Policía de Tránsito.

Por: Carlos Moreno Bermúdez

En la capital colombiana se movilizan alrededor de 1.324.495[1] automóviles diariamente, para los cuales sólo hay 900 policías de tránsito en servicio, las cifras son alarmantes, el cuerpo policial destinado a las actividades de tránsito en la ciudad es insuficiente.

Embotellamientos, vías en mantenimiento, accidentes, semáforos dañados, cierre de vías y el estado del clima son las principales características del evidente caos vehicular que tiene Bogotá actualmente. Para contrarrestar la problemática es necesaria la participación permanente de agentes de tránsito en la ciudad, pero lastimosamente, el número de policías activos para ésta labor no es suficiente para hacer menos largos los recorridos y menos estresantes para los conductores. A lo anterior se le suma el constante número de quejas que implican a uniformados de tránsito por sus labores ineficientes.

Los partes son un dolor de cabeza, pero son la única herramienta de regulación con la que las autoridades pueden combatir el irrespeto por las señales en la vía. Un problema de la movilidad y sus normas de regulación se presenta realmente cuando existen otros intereses por parte de los conductores y los policías, el dinero de las multas dejo de ser el correctivo para los infractores convirtiéndose en la alternativa más fácil para evitarlas y en comisiones rentables para los uniformados.

Los hechos hablan por sí solos. Según un informe de la Red de Gestores Sociales para julio del presente año se han adelantado alrededor de 210 investigaciones en contra de policías de tránsito en Bogotá, en las cuales los uniformados son involucrados en casos de corrupción, omisión del deber e irregularidades en los procedimientos; otras 550 quejas se han presentado en el sector de movilidad de la Personería, donde la entidad se encarga del seguimiento y control a la conducta que presentan los entes oficiales que no responden a los reclamos de los ciudadanos, dijo Heráclito Landínez Suárez, Personero delegado de Movilidad Urbana.

Por otro lado, para Yolima Pérez, Directora de Comunicaciones de la Secretaria de Movilidad, los problemas de circulación vial no sólo deben ser vistos desde las labores que realizan los agentes de tránsito,  la carencia de una verdadera cultura ciudadana en los conductores de particulares y de buses del servicio público en la capital entorpece y dificulta el trabajo de los policías en las vías que presentan mayor congestión.

A pesar de las quejas que recibe a diario solicitando supervisión policial en embotellamientos, trancones o accidentes en distintas partes de la ciudad, la comunicadora resalta la labor de los agentes, calificando como eficiente su desempeño en los puntos donde prestan sus servicios,  pero admitiendo a su vez que la cantidad de policías activos para ésta labor es impotente ante la cantidad de problemas de movilidad que se presentan habitualmente. “Es preocupante el crecimiento en cifras de personas con automóvil en la ciudad y si no se toman las medidas al respecto desde una cultura ciudadana, ésta ciudad colapsará”.

 Pérez añade que la ciudad necesita poner en funcionamiento el Sistema Integrado de Transporte (SITP) y aseguró “Transmilenio es una opción más de movilidad para los capitalinos, pero es importante saber que no debe ser la única, el metro sería la mejor alternativa para lidiar con los problemas de circulación en Bogotá”

Un estudio realizado por el Grupo de Estudios en Sostenibilidad Urbana (Gesu) concluyó que a los bogotanos les es indiferente burlar las señales de tránsito en presencia de algún uniformado y más si éste último es bachiller. Lo sorprendente del resultado de ésta investigación es que de las 10.364 infracciones registradas en el estudio, en la Policía se registraron únicamente 200 de las cuales sólo a 6 se les impuso comparendo, es decir, del 100% de infracciones inspeccionadas sólo 1,4% fueron vistas por los agentes de tránsito y  0,6% del total de los casos fueron sancionados con las respectivas multas. 

 El problema no para ahí: los conductores de automóviles no son los únicos en sufrir las inclemencias del trafico capitalino regulado por la policía. También los conductores de buses como Julio Flores, miembro de la empresa Cootransniza LTDA, dice que los agentes de tránsito están siempre en contra de los conductores del servicio público y añade que en los dieciséis años que lleva recorriendo la ciudad en su buseta, en varias ocasiones ha sobornado a policías  por sumas superiores a cien mil pesos, para evitar el pago de los comparendos que, dice él,  han llegado a costar dos millones de pesos.

Al igual que él, Edgar Mora transportador de Sotrandes S.A a partir de su experiencia como conductor dice que el soborno es una “práctica muy común en ellos” y sostiene que en variadas ocasiones los policías, a pesar de él tener todo en regla, buscan pretextos para sacar multas.

Por su parte, para algunos agentes de tránsito activos como Alberto Villacorte, afirma que en casos de congestión vehicular, no es fácil controlar el flujo de tantos automóviles en las vías. “no basta con  la supervisión de un policía, pues,  para  de darle ‘pase’ a la calzada más congestionada, es necesario el apoyo de otros agentes regulando la circulación de autos por las vías de acceso emergente, es decir, las pequeñas vías que desembocan en la principal”.

Otro de los agentes de tránsito, Alfredo Erazo, de 52 años, declara que la demanda es tan grande en la ciudad, que muchas veces los mismos auxiliares bachilleres son quienes tienen que hacerse cargo de estos operativos en la ciudad.

Al contrario de lo que aseveran estos dos agentes en servicio actualmente, otros policías de tránsito se negaron a dar información de su labor y tomaron una actitud displicente al preguntar por su trabajo como facilitadores de movilidad en la ciudad.

Dentro del problema de movilidad en Bogotá algunos ex agentes de tránsitos pensionados abrieron la brecha de las dudas, sus declaraciones marcaron una gran diferencia con las dadas por los agentes activos, señalando  que sí existen irregularidades. “Desde la misma institución, existen torcidos y gente que no actúa de buena fe, pero sería absurdo pensar en encasillar a toda una entidad en el problema… muchas veces los conductores de particulares, motos y busetas trataron de “comprarlo” a uno para no pagar multas y comparendos por infracciones en la vía” señalo Jaime Urrea ex funcionario de la institución.

Es claro que una escasa apropiación de cultura ciudadana, las condiciones del clima, las distintas obras en vías de la ciudad y el número de vehículos son factores negativos en el flujo de transporte capitalino. Pero ¿por qué no empezar a dar ejemplo desde las instituciones que controlan y regulan el transporte de Bogotá?

Tras entrevistas, testimonios, resultados de estudios e investigaciones, es notoria la ineficiencia de la Policía de Tránsito en la capital, pero es importante tener claro que su labor, capacidad y eficiencia no debe medirse por cuantas vías descongestionan en total, sino en cuanto tiempo descongestionan la vía en la que se encuentra; que su recursividad no debe ser cobrar altas sumas de dinero para evitarle sanciones a los conductores, sino actuar como es debido en cada caso de irregularidad y ser un portador de respeto y responsabilidad dando ejemplo a la ciudadanía y ratificando su posición como autoridad.

No hay que generalizar al cuerpo de policía de tránsito como corruptos en su totalidad, pero si hacer un llamado a aquellos que aceptan sobornos de quienes irresponsablemente violan normas de transito,  aquellos que pasan por alto infracciones y que a cambio de unos pesos contribuyen a que la imagen de instituciones tan importantes en nuestra sociedad, como la Policía Nacional, tengan nombradía de negligentes y finalmente a aquellos pocos ciudadanos que descaradamente participan en los sobornos, y sin embargo se limpian las manos recargando la culpa en los agentes que aceptan sus ofrecimientos.



[1] , LABORATORIO DE MEDIOS DEL CENPRE, UNIVERSIDAD DE LOS ANDES, 2010. Consultado el 20 de octubre del 2010

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