jueves, 9 de junio de 2011

Crónica: La Música en la Sangre

Estábamos en primer semestre cuando lo conocí, lo recuerdo tanto, primero de agosto del 2007; Entrando a la clase del profesor Leonardo Ballesteros, en un día oscuro y nublado, estaba él,  sentado y con la mirada fija hacia una imponente guitarra que se recargaba contra una de las paredes de un frio salón del edificio Gregorio VIII o de ingenieros, como le decimos, de la Universidad Santo Tomás.


Juan Pablo Franco Jiménez un pelado mono, crespo y delgado, de lejos uno diría que es un estudiante de colegio, pero en realidad fue por él que aprendí tantas cosas acerca de la música, ese primer día por casualidad, nos toco hacer un trabajo juntos en aquel frio salón, en su mano derecha tenía una manilla como una cinta de color azul que llevaba como escrito: “I love god, i love music”, pensé que era cristiano y que indudablemente poseía una afición por lo que hoy en día lo apasiona. En ese entonces nos hicimos muy amigos al principio Juanpa, como yo le decía, parecía un tipo reservado pero al pasar el tiempo nos cogimos mucha confianza y poco a poco fui dándome cuenta de las habilidades y el indiscutible don que el tenia para hacer y producir música.


Un Jueves de ese mismo año (2007), salíamos él y yo acompañados por Gustavo Urrea, Angélica Devia y Diana Moreno de una de nuestras extensas y “pintorescas” clases de Comunicación Corporal y decidimos ir a bienestar universitario a pedir un parques para que el tiempo se nos pasara más rápido de lo normal, pues nos esperaban cuatro horas de esparcimiento para comenzar la siguiente clase, Juan a diferencia de nosotros pidió una guitarra, en su rostro se noto la alegría de poder tener una en sus manos, sus ojos reflejaban la emoción que le daría poder usarla y su semblante cambio totalmente, pues había salido cansado y aburrido de la clase anterior.

Al sentarnos a jugar en uno de los aburridos y grandes salones de la facultad de ingeniería Juan comenzó a decir “Hey muchachos, que canción quieren escuchar y yo se las canto” entre sorprendidos y alegres todos nos miramos a la cara y como niños pequeños empezamos a hablarle al tiempo pidiéndole las canciones que a cada uno nos gustaban, él sin escuchar más, decidió cantar “lamento boliviano”, creo que todos nos sabíamos la canción para ese entonces.

 Cuando comenzamos a disputar los turnos del parques, Juan afinaba la guitarra para poder cantar y fue cuando de un momento a otro entre bulla, los sonidos  de los dados contra el vidrio del tablero de juego, las risas y el desorden unos suaves pero sobresalientes sonidos acústicos de guitarra silenciaron el ruido del salón acompañados del grosor de una voz que salía del cuerpo de Juan y la cual no parecía ser de él, entre anonadados y impactados uno por uno fuimos acompañando el coro de la canción que el entonaba y aplaudiendo al ritmo de la guitarra, de lado dejamos el juego y así pasaron una, dos, tres y cuatro horas que terminaron con un fuerte aplauso después de haber escuchado un repertorio de clásicos que todos le pedíamos a Juan para que los cantara a ritmo acompañados de la guitarra y las palmas que nosotros hacíamos.

Fue entonces cuando empecé a descubrir el gran talento que él tenía, su sueño después de ejercer la Comunicación como carrera, era hacer música, aprender a tocar diferentes instrumentos y perfeccionar muchas de las calidades que tenia para cantar.

 El paisa, como lo llamaban algunos por ser de Manizales, alternaba las clases de 7 de la mañana a 4 de la tarde (normalmente) con su banda de música cristiana, la cual tuve la oportunidad de conocer en diciembre de ese año, en una novena navideña, donde Juan y su banda le dieron un toque original a los villancicos y con sus melodías fomentaron el sentimiento navideño entre los que estábamos allí;  eso era algo que lo llenaba de alegría y muchas veces lo utilizaba como pretexto para salirse de la monotonía de las clases y de la rutina del diario vivir.

 Una tarde de Febrero del 2008 nos quedamos él y yo hablando carreta en uno de los salones de la universidad, el momento fue propicio para empezar a hablar de su novia, su familia y sus pasiones, pronto tocaríamos el tema de la música en su vida y él decía: “parce la música es como ese don que Dios me dio, cuando tenía 4 años mi mamá me cuenta que yo empezaba a golpear las mesas cuan sonaba alguna canción, fui creciendo y empecé paulatinamente a tocar guitarra, después ya más grande en el colegio hice parte del coro y pues los profesores me decían que yo tenía talento y me las creí ”.

 Fueron días, semanas y meses completos que de lunes a viernes dese enero de ese año hasta junio lo escuche cantar, cuando estaba triste o tenía problemas, se quedaba callado y me pedía que lo acompañara para sacar prestado algún instrumento musical, empezaba a practicar canciones de Juanes, y cantaba con melancolía per con fuerza a la vez, cuando se sentía alegre cantaba a capela cualquier canción que le pidiera, en clase siempre hacia sonidos con las manos golpeándolas contra las mesas, simulando que tocaba tambor, batería o conga, erra relajante ya fuera escucharlo canta o hacer algún sonido con lo que tuviera en las manos.

 Lastimosamente por inconvenientes para agosto del 2008 no entro a estudiar, pero se dedico a trabajar y cantar con su banda de la cual nunca me aprendí el nombre, al año siguiente en su vida se abrió una nueva página, entro a estudiar en la Academia de Música  “Canzion”, donde Juan, como dicen por ahí, se sentía en su salsa, después de haber pasado por un sinfín de cosas, parecía que el Dios al que tanto amaba se acordara de él, y ponía en su camino la música, cuando hablábamos por MSN o teléfono, empecé a aprender que instrumentos eran de percusión, que era el bajo, como se entonaba el Do mayor, el Re o el La en una guitarra, un sinfín de cosas me enseño mientras estudio allí.

 Algo que me alegro mucho fue su beca, por promedio académico fue postulado para una beca en la academia y se la gano, esto lo motivo a seguir encaminándose por el camino musical y esforzándose aún más para mantener su promedio alto.

 Juan se inspiraba mucho en su hermanita menos para cantar, adora a Sofía, ella era una de las tantas razones por las que él cantaba al igual que su mamá y por supuesto su novia Natalie, cuando hablaba de ellas su cara se tornaba en un matiz de orgullo y cantaba canciones que él le dedico a alguna de estas personas quienes día a día lo llenaban de motivos para cantar.
Para el 2010 Juan empezó a tocar en evento patrocinados por la Academia donde estudiaba, la música rápidamente lo envolvió en un mundo de sonidos, canciones, instrumentos, notas musicales y ritmos que lo harían reconocido en el ámbito religioso y comunicacional, en una de las presentaciones, Juan fue contactado por uno de los productores de un programa que se transmitía por el inaugurado Cristo Visión, sin lugar a dudas Juan grabo unos 3 o 4 programas donde canto música religiosa y donde una vez más constato que, como me dijo algún día mientras cantaba y tocaba guitarra: “Parce yo llevo la música en la sangre”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario