jueves, 9 de junio de 2011

Osvaldo Ardizzone, el eco de un gol que siempre sonará.

La máquina de escribir fue siempre su acompañante en las jornadas de redacción donde componía notas que no solamente del campo de futbol salían, en el papel plasmo tal vez todas aquellas anécdotas personales, opiniones y artículos que marcados con su estilo y cargados de perspicacia y sutileza, narraban lo que acontecía principalmente en el deporte en ese entonces de su país.

Para muchos argentinos, el 10 de noviembre de 1919 no es una fecha especial, pero para unos pocos aprendices, estudiantes, críticos y principalmente para su nieto Sebastián Bamante, ese día nació el ídolo que no conoció, nació el ejemplo a seguir y la inspiración que lo obliga a escribir y tratar de moldear un escrito como lo hacía su abuelo, el gran Osvaldo Ardizzone, que lo acompaño por sus primeros 2 años de vida, lo cual basto parta que estudiara y explotara ese ingenio que como nieto, su abuelo le dejo.

Siempre informado de lo que pasaba en el mundo deportivo, con su rigurosidad, cautela y frescura, escribió textos que no se limitaban a brillar en las columnas de deportes, también trascendieron a la poesía, a la canción y lo periodístico, ese estilo único que marcaria, como lo hace la tinta en el papel, uno de los iconos periodísticos más aclamados por los medio en Argentina y que ahora tras su muerte sigue tan actual como su recordación y su inolvidable sello en cada texto que emergió desde el grito de un ¡gol!.

El hombre Común, A solas con uno mismo  y un sinfín te textos lo proclamaron el poeta del futbol,  un filosofo, periodista, actor y conferencista que degustando del tango, el golpe a un balón y la compañía de la noche, insinuaba con sus letras la pasión y la adrenalina que tal vez siente un jugador, antes de patear el penalti que definirá el triunfo de su equipo.

De boca y con una trayectoria de años de dedicación, el poeta del futbol continuará retumbando las columnas, las escuelas, los escritos y las mentes de admiradores que leyendo sus líneas, demuestran que su vida y obra son el eco de un gol que siempre sonará.

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